Hoy en los medios de comunicación se habla del exceso de peso de forma permanente como una de las consecuencias adicionales de la pandemia. Pero si miramos atrás en la línea del tiempo, el exceso de peso a nivel país viene desde antes, como una respuesta a la sobre-compensación a la desnutrición que había en la década de los 50, del siglo pasado.

Ahora bien, desde un punto de vista más fisiológico de como funciona el cuerpo humano, la grasa corporal es un tejido de nuestro organismo muy especializado, al que podríamos decir que le debemos la evolución, ya que gracias a su función de almacenamiento de energía en el tiempo, fue que el hombre pudo sobrevivir a períodos de hambruna o poca disponibilidad de alimentos en épocas anteriores. 

Entonces, ¿cuál es el problema hoy?

A diferencia del hombre en el paleolítico, hoy la disponibilidad de alimentos altos en energía (calorías, específicamente grasas saturadas y azúcares simples) en adición al poco gasto de energía durante nuestra vida cotidiana (sedentarismo y falta de ejercicio físico), crea un desbalance energético. Esto que se produce día a día, de forma progresiva y continua, hace que vayamos ingiriendo más energía de la que gastamos en nuestras actividades de la vida diaria, resultando en un exceso de peso.  

Pero ¿Cuál es el problema de esto?

Podemos ver el exceso de peso de desde dos aristas diferentes.

La primera es desde un punto de vista estético, como una respuesta de rechazo al canon de belleza impuesto en el mundo occidental desde hace tanto tiempo, y como la aceptación de la belleza en diferentes formas, y con esto en diferentes tallas también. Esto esta bien y debía ocurrir, es parte de nuestra evolución como sociedad, aceptar y recoger las diferencias entre las personas y concebirlas como valor y virtud. 

Pero, por otra parte, y como profesional de la salud, se debe tener en consideración el estado de salud, física, mental y emocional de las personas.

El exceso de peso, en medicina llamado sobrepeso y obesidad dependiendo del IMC (Índice de Masa Corporal), a largo plazo y en conjunto con el sedentarismo puede producir un estado inflamatorio crónico, proporcionando el ambiente celular de base para el desarrollo de otras enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la diabetes, hipertensión, dislipidemias, hígado graso, entre otras.  

Es importante aclarar que se puede tener un peso corporal normal y también tener riesgo de desarrollar estas enfermedades. La clave en este punto es la composición corporal.

El exceso de grasa corporal, o también llamado tejido adiposo, es lo que va a producir el estado inflamatorio, y esto puede ocurrir en personas con malnutrición por exceso, pero también en personas con peso normal, pero con exceso de grasa corporal.

Es importante tener en cuenta el rol del ejercicio y de la alimentación saludable como pilares fundamentales de prevención y tratamiento de este tejido adiposo “enfermo”.

Por una parte, una alimentación saludable y adecuada para cada persona nos ayudará a reducir el consumo de alimentos altamente procesados que son ricos en energía, aumentar el consumo de alimentos saludables, generando mayor sensación de saciedad y mejor estado de salud.

Por otra parte, el ejercicio físico, idealmente asesorado por un profesional del área, ayudará a generar un mayor gasto energético, pero más importante que esto, ayudará a restablecer el funcionamiento normal a nivel hormonal y fisiológico tanto del tejido adiposo, como un incremento en la masa y función muscular mientras no estamos realizando ejercicio físico, lo que podríamos llamar efectos beneficiosos del ejercicio cuando estamos en condición de reposo.

 Con todo esto me gustaría transmitirte que el peso en la balanza es un número que sí puede tener relevancia, pero más que el peso, el cuidado y mantención de la composición corporal toma un rol fundamental para el estado de tu salud. No es necesario pesar poco, o solo comer menos, si no que nuestra salud metabólica depende de los tejidos que componen nuestro cuerpo, y debemos ocuparnos de ellos otorgándoles el cuidado que merecen: nutrición y ejercicio físico diario.

 

 

 

Por la Nutricionista Yael Toporowicz