Muchas veces sufrimos de ansiedad en donde confundimos la sensación de hambre con un fuerte deseo de comer, pero OJO, que no es lo mismo…
La ansiedad se manifiesta y pensamos que se “sacia” con la acción de comer, pero hay que saber diferenciarla con el Hambre, que es cuando nuestro estómago se siente vacío y el aviso más certero es cuando el estómago nos cruje.
Una de las bases fundamentales de poner en práctica la alimentación consciente es preguntarnos qué tipo de hambre tenemos y la intensidad de ella. Esto nos ayudará a responder ante la necesidad entregándole a nuestro cuerpo lo que realmente necesita y en las cantidades adecuadas.

Una Buena forma de adecuarnos a nuestras reales necesidades es que antes de presentarnos a un tiempo de comida, respiremos profundamente, nos hagamos conscientes y nos preguntemos:

  1. Qué realmente quiero comer hoy? Qué necesitará mi cuerpo?
    2. De dónde vienen estas ganas de comer? Realmente es desde mi estómago? Si logro descubrir que las ganas de comer no vienen desde mi estómago, de donde viene? Qué experiencia o deseo quiero suplir comiendo?
    3. Del 1 al 10, Cual es cantidad de hambre que tengo. Esto siempre ayuda a moderar las raciones de comida y entregarnos “lo justo y necesario”, dejando fuera las la posibilidad de sobrealimentarnos e incorporar calorías extras y totalmente innecesarias.

Existen 9 tipos de hambre que si las tenemos presentes nos ayudarán a ser conscientes y a controlar nuestros impulsos al momento de comer, aprendiendo a responder sólo al hambre corporal:

  1. Hambre Visual: cuando el aspecto de un alimento, ya sea a través de una imagen o publicidad despierta fuertemente el deseo de comerlo. En estos casos cuando nos despierta el hambre visual una buena manera de saciarla es observando la imagen con atención y distinguir realmente que este deseo fue creado por un estímulo y que no viene desde una real necesidad de “comer”, si no desde un sentido.
  2. Hambre auditiva: se manifiesta ante alimentos crujientes, como unas galletas, unas papas fritas, apio, almendras, etc. Que no se despertaría el mismo deseo si es que estos alimentos crujientes estuviesen blandos, verdad? Ya que cuando las papas fritas o las galletas llevan mucho tiempo abiertas pierden todo su encanto. El sólo hecho de escuchar a alguien comiendo algo que me recuerda una experiencia placentera me dan ganas de volver a vivirla, sobre todo con los alimentos crujientes que liberan sensaciones de placer.
  3. Hambre olfativa: … uuf… peligroso… todos somos muy sensibles al olfato ya que al sentir algún olor lo asociamos directamente a una sensación, deseo, recuerdo, experiencia, etc. puede ser desde un olor a comida delicioso que nos lleva incluso a sentir hambre, el olor a un perfume del pasado que nos hace volver a revivir el momento o bien un olor putrefacto o tóxico que nos protege haciendo aviso de que este alimento no es apto para consumirlo.
  4. Hambre Bucal: deseo de la boca de experimentar una sensación que recordamos como placentera. Generalmente este tipo de hambre se sacia con uno o un par de bocados, donde atendemos y disfrutamos del sabor, luego hacemos el acto monótono, nos distraemos con otras cosas y dejamos de atender al maravilloso alimento que tenemos en frente. Quedando muchas veces poco saciados y con ganas de picar algo más.
  5. Hambre estomacal: es la sensación de hambre más certera, pero muchas veces condicionada por nuestros hábitos de alimentación personales. Hay personas que suelen desayunar y que si no lo hacen sienten una fuerte sensación de hambre, como hay otras que no tienen la costumbre de desayunar porque en este tiempo de comida no sintieron este estímulo desde el estómago. Es importante saber que nuestro cuerpo, sobretodo el estómago, es un músculo de rápida adaptación frente a los volúmenes y tiempos de comida, por ejemplo cuando nos enfermamos del estómago y pasamos una semana comiendo muy poco y liviano y cuando volvemos a nuestra alimentación habitual nos satisfacemos muy rápido porque la capacidad de nuestro estómago se redujo, lo mismo ocurre si hacemos un cambio en un tiempo de comida, atrasando por ejemplo la alimentación a 1 o 2 horas más tarde porque nos acomoda más, en un comienzo sentiremos hambre en el horario habitual de alimentación pero poco a poco esa sensación irá desapareciendo.
  6. Hambre celular: algunas veces se manifiesta antojándonos de alimentos raros y poco usuales que sin saberlo tendrán lo que a nivel celular nos está faltando, pudiendo ser alimentos frescos ricos en agua, alimentos altos en hierro, entre otros. Esta sería el hambre menos perjudicial ya que estaríamos respondiendo ante una necesidad corporal, una buena forma de mantenerla en control es llevando una dieta adecuada y equilibrada.
  7. Hambre social: ver a gente comer, nos incita a hacerlo. Eventos de trabajo, comidas familiares, reuniones con los amigos, donde por más que tengamos todas nuestras hambres estables y controladas, el entorno nos condiciona a comer. En estos casos la mejor estrategia es reducir las cantidades a ingerir y comer lento.
  8. Hambre del corazón: sensación inmediata de satisfacción al comer algún alimento para tapar alguna pena o angustia del corazón. Es totalmente cierto que la comida genera una sensación de bienestar y seguridad, desde el primer día que nacimos que nos contuvieron con comida y un abrazo acogedor; hace sentir mejor, es real. El asunto es que si es que estamos tapando un malestar o incomodidad emocional con comida no estaremos solucionando ningún problema, es más, estaremos creando uno nuevo.
  9. Hambre mental: hace referencia la categorización que tenemos de los alimentos agrupados en los “alimentos buenos” y los “alimentos malos”, pero muchas veces cuando mantenemos forzado el pensamiento bajo esta creencia dejamos de disfrutar y, alimentarnos sólo porque “sé que es bueno” sin gozar de ello va a terminar por agotarnos y abandonar rápidamente este tipo de alimentación, borrando todo el esfuerzo que pusimos en cumplirla y recuperando todos esos kilos menos que tanto nos costó perder. Este es el motivo principal por el cual una alimentación saludable no se vive con esfuerzo, si no con consciencia.

Es por esto que toda alimentación tiene que surgir desde nuestro interior, desde el respeto que le tenemos a nuestro cuerpo, desde que queremos cuidarlo, pero también satisfacerlo, no existe una verdad absoluta en la alimentación. Una alimentación consciente y equilibrada es llevada a cabo cuando atendemos a la escucha de nuestro propio cuerpo, la clave está en hacer un equilibrio mente-cuerpo, pudiendo responder a nuestras necesidades y satisfacciones de manera ocasional, pero siempre mantener el control de nuestra alimentación porque queremos lo mejor para nuestro cuerpo, que será el hogar en donde viviremos hasta el último día de nuestras vidas… cuidémoslo y vivamos en armonía y bienestar con una alimentación y estilo de vida que nos nutra y nos llene el corazón.

“Si queremos sentirnos satisfechos al comer, la mente ha de ser consciente de lo que sucede en la boca. En otras palabras, si quieres disfrutar de una fiesta en la boca, debes invitar a la mente”

Comer Atentos – Jan Chozen

 

 

Por Macarena de las Peñas – Nutricionista